Frustraciones

Había una vez un pueblo…

            En un lugar que no recuerdo (o tal vez sí, es la memoria tan confusa), hubo un escritor, un carpintero y, también un herrero. El tiempo fluyó incesantemente, imparable. Algún día toda construcción fue reemplazada por un edificio y, otras tantas, en rascacielos.

            El escritor, como se prohibió la redacción ficticia y ociosa, se volvió historiador; al menos las vidas antiguas seguían teniendo algo de increíble. El carpintero murió de hambre, pues la madera, como se acabó, dejó de usarse para hacer muebles y, estos, o eran de plástico o de metal. Nunca más pudo trabajar. Así, por último, tenemos al herrero —que se volvió ingeniero en metalurgia—, e igual, jamás fue capaz de moldear con sus manos, otra vez, el ardiente metal al rojo vivo.

La modernidad —con todo y sus grandes avances—, los llenó de frustraciones.

*Nota: Inspirado en el cuento de Bernardo Esquinca, “Como dos gotas de agua que caen en el mar, de la antología “Mar negro“.

**Nota: Es una pena no poder compartir el cuento. Aunque este se puede conseguir en edición de editorial Almadía.

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He aquí el espacio para que confluyan y se retroalimenten los más grandes discernimientos, nacidos de la psique humana.

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