Amaneceres y Soles

 

Y las nubes surcando el vastísimo cielo…
creando un manto de fino tacto y textura
como si algo, con solo tocarlo pudiera,
lo pudiera cortar, descomponer, partir,
crear un tajante abismo entre las dos partes,
un insalvable abismo que aleja, que todo rompe,
nada vuelve a ser igual…

El Sol, aún débil y somnoliento,
no posee el calor para derrumbar de una sola vez a las tinieblas,
para deconstruir a las sombras de raras formas
que infunden terror, por sus pecados,
en quien las encuentra.

La estrella nuestra, farol de vida y, por ello, de esperanza.
Dadora de gran valor y real soberana de Gaia, nuestro hogar;
pues es quien lo ha creado con gran belleza,
nació entonces la vida de sus seres y la forma de los paisajes.
Al final, también capaz de destruirlo…
volverlo vaho estelar; tragarlo, furioso. Cuando su hora llegue y sea enorme y rojo.

El movimiento…
Te mueves para llegar, para, con tus pasos, sentarte y poder presenciarlo;
te mueves para respirar; te mueves cuando mueves los párpados, rápido, para no olvidar.
Se mueve entonces, poco a poco sale al paso;
esquivando las masas de vapores acuosos de le impiden ver el mundo y brillar;
apreciarlo a ocho minutos de distancia, mas nunca tocarlo.

Ya, en un momento dado…
asoma una curva, dorada y cegadoramente brillante.
Es el Gran Astro.
Siempre pequeño, tan pequeño que lo tapo con un dedo,
aunque sólo sea de vista, no me engaño,
la luz que me rodea confirma su existencia sin verlo,
la misma luz que podría matarme.

Después de esperar…
Un rayo, un gran haz luminoso que cubre todo en áureo esplendor,
claridad amarilla, da realidad a todo ante mí.
El primer viento cálido mueve las hojas y los pájaros alzan vuelo.
El respirar que se detiene.
El gris azulado muere, el color, casi extinto, retorna.

Me cubre su infinita luz, brillo creacional, divinizado;
lo inefable, inexplicable, me invade,
mi piel se hace de gallina; la vida ardiente
que nace con el nuevo día; el fulgor inasible del rocío,
el halo del nuevo mundo ante mis ojos,
y el ardor que comienza a subir, por mis manos,
del concreto en que me siento:
el calor me renueva. La vida aún corre por mis venas.
Un destello más…

Ya amaneció

P.S.: Es un pequeño texto que hice hace ya como tres o cuatro años; lo he arreglado para que esté mejor (o eso creo), unas palabras acá o allá; lineas que no son verso, aunque no sé si sea párrafo. Recuerdo bien aquella mañana en que lo hice, aunque no sé si sea mucho poner la anécdota de su creación…

Mejor así.

Nota: Recomiendo a José Emilio Pacheco, con su relato “Shelter“, genial como ninguno, cortísimo, espero les guste.

*Nota: Agrego otro link, para quienes prefieran leer el relato en Google Books (sí se puede leer, :D).

 

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He aquí el espacio para que confluyan y se retroalimenten los más grandes discernimientos, nacidos de la psique humana.

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